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Te sientes triste, agobiada, todo te afecta.. Sí, estás bajoneada. Pero, ¿en qué momento deberías preocuparte? Y es que la depresión puede estar escondida entre esas emociones,... y actualmente afecta a una de cada seis personas en Chile. Entérate cómo distinguirla y poder actuar a tiempo.
Está comprobado: Las mujeres tenemos la tendencia a bajonearnos 3 veces más que los hombres (según un estudio realizado en el Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos). Pasamos por Síndromes Pre Menstruales, embarazos, menopausias, etcétera; los que provocan grandes revoluciones hormonales que debemos soportar, además de las fluctuaciones de ánimo que ellas desarrollan. Por ende, según este estudio norteamericano, el 70% de las mujeres sufrirá al menos una vez en su vida de una depresión. Una cifra preocupante.
¿Bajón o depresión?
Todas hemos sufrido algún bajón en nuestra vida. Algunas lo vivieron porque su pareja las dejó, otras porque la relación terminó o por otras causas. Y es que un período de tristeza no es anormal. El tema es saber cuándo deja de ser un bajón y pasa a algo más grave. En este sentido, es importante el tiempo por el cual se extiende el bajón y cómo nos afecta en el día a día.
Pero es importante distinguir que el ánimo efectivamente está en relación con lo que nos sucede. Así, si estamos cansados, si estamos contentos, si estamos pasando momentos buenos o nos han sucedido cosas tristes… nuestro ánimo va a ser diferente. Podemos estar ‘bajoneados’ como respuesta o reacción a aquello que estamos viviendo y eso no constituye una depresión. Los ‘bajones’ son entonces, limitados, comprensibles, tolerables y no nos provocan incapacidad. Situaciones dolorosas, pérdidas, fracasos, duelos, rupturas, pueden provocarnos tristeza y desánimo. Lo normal es que así sea. Lo raro sería que una ruptura o un fracaso nos provocaran alegría o nos diera lo mismo.
¿Cuándo ir a un especialista?
Una consulta a un psicólogo o psicóloga puede servir para ayudar a comprender, a procesar y a integrar esas experiencias, a contar con un espacio terapéutico donde conversarlas con libertad y darle sentido a aquello que ha ocurrido. Sirve para aprender a expresar las emociones y orientarnos nuevamente con lo significativo de nuestras vidas y con los recursos y posibilidades que se nos presentan. Lo depresivo se caracteriza, en cambio, porque son más numerosos los ámbitos que se van desvitalizando. Así, pueden haber dificultades para conciliar el sueño, falta de apetito, falta de deseo sexual, desmotivación por aquello que antes sí nos movía y nos interesaba, dificultad en las relaciones sociales o aislamiento social, dificultad de concentración, apatía, desgano generalizado. Y todo esto, prolongándose en el tiempo, agravándose progresivamente o instalándose con mucha fuerza. Entonces, es necesario consultar un psiquiatra que pueda diagnosticar el cuadro, diferenciándolo de otros trastornos y guiar el tratamiento adecuadamente, de manera de movilizar nuevamente las energías y recursos de esa persona. La psicoterapia con un psicólogo o psicóloga permite, asociado al tratamiento médico, comprender lo que ha ocurrido y favorecer el desarrollo de nuevos recursos, nuevos comportamientos y aprendizajes que permitan a la persona enfrentar las situaciones de mejor manera.
En relación a la depresión, entonces, es importante observar hasta qué punto está afectada la persona por esa desvitalización o falta de energía. Un aspecto importante a considerar son las ideas o deseos de muerte, puesto que no es normal que un fracaso o una situación determinada afecten de tal manera de desear morir o pensar en cómo hacerlo. Así, la presencia de pensamientos suicidas es una alarma que debería movilizarnos para consultar a un psiquiatra”.
El desinterés en la vida
Una de las cosas que está clara en el destino de una depresión es que si no es tratada, puede transformarse en una enfermedad invalidante. Algo que preocupa en nuestro país, ya que al menos 700 mil personas la padecen.
El depresivo pierde el interés en la mayoría de sus actividades cotidianas y disminuye su capacidad de disfrutar de aquellas que le causaban satisfacción. Conjuntamente, tiende a perder el apetito o aumentar sus deseos de comer considerablemente. Vive cambios de sueño, los que van desde no poder dormirse hasta dormir demasiado (hipersomnia). También es común que sufra cambios de ánimo muy bruscos, los que van desde la agitación, los estallidos, el llanto y la hiperactividad. Ahora bien, también pueden manifestarse cambios como enlentecimiento psicomotor, hablar pausado y movimientos lentos, incluso los digestivos, produciéndole fatiga constante.
Sentirse poca cosa
La depresión afecta a tal nivel las emociones del individuo, que éste sufre un sentimiento de minusvalía, es decir, se siente poca cosa. Piensa que todo lo hace mal, que sus errores son más graves de lo que realmente son, y se reprocha continuamente, teniendo sentimientos de culpa muy presentes.
Además, es común que producto de lo anterior, tenga dificultades para concentrarse y recordar lo que ha vivido. Incluso, en depresiones avanzadas, la persona puede tener sentimientos constantes acerca de la muerte, y convencerse de que sería lo mejor si muriera. Sufre de angustia, ataques de pánico y fobias. Por ello, lo importante es detener el problema cuanto antes y no esperar a que se llegue a este nivel. Y es que una depresión tiene un muy buen pronóstico si se trata de la forma correcta y en el momento justo.
Dentro del Auge
Para tranquilidad de muchos, la depresión se encuentra hoy dentro de las patologías incluidas en el Plan Auge, por lo que está cubierta tanto en el sistema público como privado, así como también todas las enfermedades asociadas a ella, al trastorno bipolar y otras 26 patologías mentales en mayores de 15 años.
La cobertura de la que hablamos incluye la atención médica y los medicamentos, por un período máximo de 12 meses. Para ello, la guía clínica establece que el episodio depresivo debe durar al menos dos semanas y no debe estar relacionada al abuso de sustancias psicoactivas o a un trastorno mental orgánico.